Categorias
Estudos Noticias

MUNDO MUÇULMANO

MISSÕES

Começa o ramadã e Portas Abertas faz campanha

     Na segunda-feira, 1º de agosto, foi iniciado o Ramadã para os islâmicos. O Ramadã é o nono mês do calendário islâmico, no qual se acredita que o profeta Maomé recebeu a revelação da parte de Alá, por meio do anjo Gabriel, dos primeiros versos do Alcorão. De acordo com o islamismo, Maomé estava andando em um deserto perto de Meca em 610 d.C. Isso aconteceu onde atualmente localiza-se a Arábia Saudita. Esse ano o Ramadã será do dia 1º de agosto até o dia 30 do mesmo mês.
“Na história muçulmana, o Ramadã é frequentemente marcado por revoltas e vitórias”, recorda Abdullah al-Amadi, responsável pelo site Islamonline. “Acredito que os jovens da Primavera Árabe irão se inspirar para ter ainda mais força na luta contra a injustiça e a tirania”, analisa.
Para ele, as manifestações serão mais fortes especialmente nos últimos 10 dias do mês, que são ainda mais sagrados. O Ramadã, ou mês da piedade, é também definido por inúmeros muçulmanos como o mês do esforço e sacrifício, o que pode motivar ainda mais os manifestantes.
Na Síria existem mais de 10 mil mesquitas que todas as noites recebem uma quantidade considerável de fiéis, manifestantes em potencial. Os Comitês de Coordenação da Revolução Síria esperam que isso aconteça. “O regime está aterrorizado com o Ramadã e as orações noturnas de Tarawih”, lê-se na página do Facebook “Syrian Revolution 2011”.
Na Líbia, os que tomaram as armas contra o regime de Muamar Kadhafi esperam o Ramadã com um sentimento de grande determinação, ainda que encarem com apreensão os novos combates.
No Iêmen, onde o movimento de protesto iniciado em janeiro perdeu força devido a divisões na oposição e a incerteza sobre as reais intenções do presidente Ali Abdullah Saleh, hospitalizado em Riad desde um ataque em junho, nada pode prever como irão se desenrolar os acontecimentos.
Mas os jovens manifestantes que ainda acampam em Sana se mostram determinados a retomar o movimento durante o Ramadã. “Este será o mês da mudança, ainda mais porque Ali Abdullah Saleh não está no Iêmen”, acredita Walid al Omari, um dos porta-vozes do movimento.
A Portas Abertas está fazendo uma campanha de oração em favor do mundo muçulmano. A equipe da missão terá a possibilidade de demonstrar de forma prática um de seus valores centrais, que diz: “somos pessoas de oração”.
A campanha também faz um apelo pelos cristãos que passam pela época do Ramadã. Eles enfrentam uma difícil fase nesse mês.

Data: 2/8/2011
Fonte: Portas Abertas

Categorias
Cultos Estudos

O Julgamento

 

 

Pr. Anísio Renato

"Não julgueis para que não sejais julgados" (Mt.7.1).
Esta frase de Jesus é muito conhecida e mal utilizada. Tem servido como "escudo" para aqueles que rejeitam correção, ensino, advertência ou conselho. "Você não pode me julgar", dizem.
Entretanto, a bíblia nos manda realizar alguns tipos de julgamento:
1- Julgar a si mesmo (ICor.11.31-32). Significa reconhecer seus erros e pecados e tomar uma atitude corretiva antes que outros o façam.
2- A igreja tem autoridade para julgar os seus membros em questões que afetem a comunidade (ICo.5.12-13; ICo.6.1-6; Mt.18.15-17).
3- A igreja há de julgar o mundo e até os anjos no dia do juízo (ICo.6.2-3).
4- Devemos julgar as profecias e não acreditar cegamente em tudo o que ouvimos (ICo.14.29). A profecia não pode ser incoerente com a bíblia. Só quem tem grande conhecimento bíblico está habilitado a realizar esse tipo de avaliação.
O julgamento da profecia pode até implicar no julgamento do profeta, que será considerado falso no caso de não se cumprir o que disse.
Diante de tudo isso, podemos perguntar o que Jesus queria dizer no primeiro texto citado.
Uma interpretação deturpada de Mt.7.1 pode até levar alguém a concluir que o cristão não possa ingressar na magistratura. Não é o caso. Muitas passagens bíblicas são interpretadas desse modo absurdo.
O ensino de Cristo era contra julgamentos pessoais e individuais, de um irmão contra o outro. Nem tudo o que a igreja faz como instituição pode ser feito por seus membros em particular.
Pr.Anísio Renato de Andrade
www.anisiorenato.com
Twitter @anisiorenato

Categorias
Estudos

¿Cómo santificas el nombre de Dios?

Juan Simarro Fernández

 
Retazos del evangelio a los pobres (XLVI)

¿Cómo santificas el nombre de Dios?

“Santificado sea tu nombre”. Texto completo en Mateo 6:9-15.

01 DE AGOSTO DE 2011

Como quiero comentar el “Padre nuestro”  completo, ya que está muy en la línea de lo que estamos rastreando en los escritos de los cuatro evangelistas sobre el Evangelio a los pobres, voy a comentar la primera petición: “Santificado sea tu nombre” .
Pudiera parecer que esta primera petición se escapa de la línea de Jesús tan comprometida con los pobres, pero, si la analizamos en profundidad, como vamos a intentar hacer, veremos que puede parecer así por tener, en muchas ocasiones, un concepto de “santo”  y de “santidad”  que no se corresponden con el concepto bíblico.  Máxime para nosotros los españoles en un contexto católico en donde el nombre “santo”  se ha dado y usado de una forma muy limitada, fundamentalmente en los ámbitos populares. “Santificado sea tu nombre” , es la primera petición, la que fundamenta todas las demás que, claramente, como vamos a ir viendo, están en línea con el Evangelio a los pobres.
En la profunda preocupación de Dios con los sufrientes del mundo, en la identificación que Jesús hace con los pobres con su expresión “por mí lo hicisteis” , en la calificación que Isaías da al Siervo Sufriente como “experto en sufrimiento”  o “experimentado en quebranto” , no cabe la posibilidad de que “el nombre del que es” sea santificado en la tierra, si los seguidores del Maestro están de espaldas al sufrimiento de los pobres, al grito de los marginados y excluidos. Así, la petición “santificado sea tu nombre”, carece de sentido para los insolidarios, acumuladores e injustos.
En el contexto católico español nos hemos acostumbrado a llamar “santo”  a algunos elegidos y privilegiados, a un sector particular de canonizados. Esto ha estropeado el concepto de santidad . No es ese el sentido de “santo”  o de “santidad”  que nos dan los Evangelios, que nos da la Biblia. Estos conceptos, desde el punto de vista evangélico y bíblico, son globales, generales, aplicables a todos aquellos creyentes que, estando en relación con Dios, están llamados a vivir un tipo de vida de especial compromiso con Dios y con los hombres. Quien no tiene compromiso con los hombres, carece de compromiso con Dios. No puede orar con esta primera petición.
Así, cuando decimos “santificado sea tu nombre”  no tenemos más remedio que ponernos en línea con todo el Evangelio, con el Evangelio a los pobres. No se trata de de ninguna beatificación, de ningún análisis de Dios, de ninguna idea de canonización. Santo es todo aquél que ha sido separado de todo lo impuro, malo o profano… santificar el nombre de Dios es mantenerlo en la tierra sin hacerlo cómplice de la injusticia, ni de la impureza, ni de la maldad, pero mostrando que es un Dios que se implica en el servicio a todo lo justo, a las víctimas de la injusticia … implicándose y actuando a través de sus hijos santificados.
Los que santificamos su nombre somos también santos, es decir, separados para el servicio a Dios y a los hombres, fundamentalmente para con los más débiles, manteniéndonos sin mancha en el mundo. Esta separación para el servicio, esta santidad, este santificar el nombre de Dios, se coloca sin duda en la línea del Evangelio a los pobres. Somos santos y separados para servir, para ser manos tendidas de ayuda, para ser las manos y los pies del Señor en medio de inmundo de dolor. Así, santificamos a Dios porque lo hacemos por él. “Por mí lo hicisteis ”, dice el Señor.
Santificar el nombre de Dios, ser santos, no es una actitud interior, más o menos mística , de elevación espiritual vivida solamente en la verticalidad de la relación con Dios. A esta actitud interior, para santificar el nombre de Dios, hay que añadir también, de forma imprescindible, una conducta adecuada en relación con el hombre, con el prójimo apaleado y tirado al lado del camino, una conducta comprometida con la justicia y la dignificación de las personas. No hay posibilidad de poder decir esta petición “santificado sea tu nombre” , fuera de estos parámetros. Quien no se separa para servir a Dios y al prójimo, quien no se aparta para practicar la solidaridad, será apartado y separado de Dios. No es santo. No puede santificar el nombre de Dios.
Santificar el nombre de Dios no es sólo algo que se haga desde cualidades o experiencias meramente ontológicas , es decir, en el ámbito del ser, sino que es algo que se debe dar inexcusablemente en el ámbito del hacer, en el ámbito de la moral, de la ética, de la práctica de la projimidad… de la ayuda a los pobres y sufrientes del mundo. Esta forma de santificar el nombre de Dios nos enlaza con todas las líneas y parámetros del Evangelio a los pobres.
Santificar el nombre de Dios no es sólo querer o buscar algún pietismo, alguna búsqueda de pureza . Era el problema de los religiosos de la época del Jesús que se autoconsideraban “puros” , pero fueron rechazados por Jesús como “sanos que no necesitan médico” . Santificar el nombre de Dios afecta a toda una ética de la conducta y del compromiso de los creyentes en relación con Dios y con los hombres. En relación con la dignificación de las personas, con la liberación de los pobres del mundo.
Santificar el nombre de Dios no está solamente en la línea de la verticalidad de la vivencia cristiana , sino también, y de manera necesaria para no mutilar el Evangelio, en una línea de vivir la espiritualidad cristiana en la dimensión horizontal en relación con los hombres, especialmente con el hombre empobrecido y sufriente del mundo.
En la primera epístola del apóstol Pedro se nos dice: “Sino como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en vuestra manera de vivir” . Es imposible santificar el nombre de Dios de espaldas al prójimo , de espaldas a los colectivos sufrientes del mundo. Es una burla pedir “santificado sea tu nombre” , si no somos movidos a misericordia con el prójimo sufriente, si no cambiamos nuestra manera de vivir poniéndonos en línea con los valores del Reino, con las líneas del Evangelio a los pobres. No pasaremos de ser simples religiosos desconectados de Dios, como ocurrió con el sacerdote y el levita de la parábola del Buen Samaritano… y seremos condenados por faltar al mandamiento de projimidad, separados de Dios para siempre por no separarnos, en santidad, para el servicio a Dios y al prójimo necesitado.
Señor, ayúdanos a santificar tu nombre. Para ello cambia nuestra manera de vivir, nuestros compromisos, nuestros actos y prioridades. Si no somos capaces de vivir en compromiso, en el servicio y en la búsqueda de la justicia misericordiosa de la que tú nos diste ejemplo, no pongas nunca esta petición en nuestros labios. Pero queremos hacerla. Santifícanos para poder santificarte, para santificar tu nombre en medio del mundo. “Santificado sea tu nombre” , Señor. También en la tierra, entre los que sufren, entre los pobres y oprimidos. Haznos santos, Señor, también en nuestra conducta, estilos de vida solidarios y compromiso con los empobrecidos de la tierra.

Autores: Juan Simarro Fernández

©Protestante Digital 2011

Creative Commons