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Espiritualidad en libros de judíos y conversos (3)

Manuel de León

 
Los libros en tiempo de Reformas

Espiritualidad en libros de judíos y conversos (3)

Observamos que el sedimento de las mentalidades del siglo XV encontrará asiento en el XVI con el desarrollo de las ciencias bíblicas.

13 de julio de 2011

Ya en 1416, Juan el Viejo exponía en el Memorial de los Misterios de Christo , y daba a luz la Declaración del Salmo LXXV , obras estas en que a la erudición de las Santas Escrituras, conocidas en los textos originales, allegaba mucha y muy sazonada doctrina.
En hermoso castellano, sencillo y castizo, desgranaba los versículos y desentrañaba el hebreo, transmitiendo erudición y piedad. Figuran dignamente a su lado un don Alfonso de Cartagena, un maestre Pedro Martin, un fray Lope Ferrández, y un fray Alfonso de San Cristóbal, quienes difundían la Palabra de Dios durante la primera mitad del siglo XV.” “Señalóse el obispo de Burgos, oráculo de la corte, entre los escritores ascéticos con su aplaudido Memorial de Virtudes , obra escrita en lengua latina y traída después al castellano l, y con el celebrado Oracional de Fernán Pérez, libro de muchos citado con error, y de muy pocos detenidamente examinado . Escribíalo en los dos últimos años de su vida, muerto ya el rey don Juan II, y requerido por el docto caballero Fernán Pérez de Guzmán, que retirádo en su castillo de Batres, “imploro (le decía con singular instancia) la fuente de vuestra sabiduría, para fartar la sed de mi desseo, que lié de mi natural condición, el qual es algund remedio a mis tribulaciones” . (Amador de los Ríos, 1848 pág.317)
No nos parece desacertada la exposición de Joseph Pérez [1] , aunque parezca paradójica su postura, cuando sostiene que, aunque muchos han colocado la modernidad más tardíamente en el siglo XVII, es el siglo XVI el que entronca con la Edad Media como algo más natural. Dirá Joseph Pérez: “Los anhelos de una vida religiosa más afectiva, más sentida, más intensamente vivida, aparecen en la baja Edad Media, así como el rechazo de una teología libresca, sobrecargada de fórmulas intelectuales y escolásticas y el deseo de una lectura directa de la Biblia, prescindiendo de los comentarios pesados de los doctores”. Deja claro Pérez que el legado espiritual del medievo influirá definitivamente en los movimientos alumbrados, erasmistas y luteranos. La aportación a la espiritualidad de los místicos alemanes del medievo tendrá una influencia importantísima entre los movimientos del XVI. Pérez sostiene que el luteranismo español no logró arraigar profundamente a diferencia del alumbradismo que sí logró canalizar las inquietudes de los españoles y por tanto logró preocupar a las autoridades. Resulta sorprendente, sin embargo, que este autor no considere los tres movimientos (alumbrados, erasmistas y luteranos) como un todo de las inquietudes religiosas del XVI.
Es consciente Pérez que la Biblia es el centro de estos grupos que se reunían en “conventículos” para leerla y estudiarla, “interpretándola de una manera muy personal”. En la interpretación y libre inspiración personal de textos evangélicos, Pérez ve que los alumbrados prescinden de la ciencia humana para entenderlos, pero no es correcta esta interpretación en la práctica alumbrada ya que recurrían a la “ciencia y la experiencia” como machaconamente afirmaba Juan de Valdés. Pone el ejemplo de Rodrigo de Bivar que comentaba un trozo del Evangelio “no sabiendo letras ny aun gramática”. El doctor Diego de Albornoz discute su interpretación y Bivar exclama: “Ah Señor, que esta manera de inteligencia no la alcanzan los teólogos sino los que gustan del espíritu del Evangelio”. Está claro que “gustar del espíritu del Evangelio” tiene más importancia entre los alumbrados que la sabiduría de los sabios cuyo entendimiento esta entenebrecido como afirma el apóstol Pablo. La razón humana poco puede servir para el camino de salvación en un ser humano incapaz de elevarse hasta la gloria de Dios. Solo la fe es la única vía para alcanzar la salvación. Sin embargo esto no supone un rechazo a la “ciencia” y un abandono de la razón, como lo demostraron muchos de los alumbrados, los erasmistas y luteranos que fueron adelantados en muchas ciencias.
Pérez considera que el protestantismo español con raíces judeoconversas y alumbradas, es un movimiento diferenciado y elaborado a partir de fuentes españolas, si bien reconoce que en Juan de Valdés hay influencias de Lutero como lo ha demostrado Carlos Gilly. Gilly, contrariamente a lo demostrado por C. Nieto. Dice Gilly que el Diálogo de doctrina cristiana  de Valdés tiene adaptadas libremente y hasta traducidas de una manera casi literal trozos de varias obras de Lutero. Sin embargo se insiste en que la mística del XVI arranca del franciscanismo y su reformación, cuando nosotros entendemos el siglo XVI como un siglo de reforma desde la Biblia y la exposición de las enseñanzas del Evangelio, que poco tienen que ver con la mística visionaria y profética, aunque esta fuera permitida por Cisneros. ¿Tiene algo que ver la mística con fray Luis de León, por ejemplo, aunque se le sitúe entre ellos? Melquiades Andrés dice que “no existe primero la herejía o la mística de los alumbrados y después la mística ortodoxa que lo rectifica, sino que históricamente aparece primero el recogimiento y luego la desviación o mala inteligencia del mismo”. Melquiades Andrés considera al recogimiento como místico y por tanto arranca la mística del franciscanismo, pero según Nieto en el siglo XVI son los alumbrados dexados , los que imprimen formas distintas de espiritualidad. La llamada a la interioridad y la libertad espiritual que vemos en los alumbrados y franciscanos, no procede de las formas tradicionales de la piedad, ni de la teología ortodoxa, sino que esto se estaba aprendiendo de la lectura de la Biblia. Los verdaderos adoradores habían comprendido que había que adorar al Padre en espíritu y en verdad, por eso el iluminismo español habla de libre inspiración, sin trabas dogmáticas e institucionales, que lo convertían en peligroso para Melchor Cano.
Estamos en desacuerdo con Joseph Pérez cuando afirma que el luteranismo ha tenido escasa importancia, siendo las coincidencias entre Lutero y los protestantes españoles raras y fortuitas. Esta afirmación se repite constantemente sin que intelectualmente tenga contestación y se acepta como dogma de eruditos. Ciertamente no todas las preocupaciones y enseñanzas de los protestantes españoles se dirigieron hacia la exégesis, la filología o la teología especulativa, pero ello no quiere decir que no coincidieran con Lutero. Además se ha usado la magna obra de Lutero o de Calvino para contraponerla o compararla a principios elementales de muchos de nuestros luteranos, que fueron encasillados por la Inquisición en artículos y expresiones de los libros de procesar. Además la mayoría de nuestros protestantes tuvieron que aplicar el principio de “primero vivir y después filosofar” al ser perseguidos o permanecer expatriados. Sin embargo la mayoría de los reformados españoles influiría decisivamente en la concordia intelectual y política de este siglo tan convulso, donde muchos de ellos fueron alabados por sus contemporáneos y representaron un contrapeso intelectual y espiritual en Europa. Aunque solo fuera por la reacción que provocó el luteranismo en España, habría que considerar su extraordinario valor.


[1] De l’humanisme aux Lumières études sur l’Espagne et l’Amérique Collection de la Casa de Velázquez Autor Joseph Pérez.-Casa de Velázquez, 2000.- Pág. 180

Autores: Manuel de León

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Los adoradores de la cebolla

Juan Antonio Monroy

 
Métodos adivinatorios (4)

Los adoradores de la cebolla

Ha quedado escrito que en su DICCIONARIO DE LAS ARTES ADVINATORIAS, Gwen Le Scouezec registra 227 fórmulas para predecir el futuro. Hemos comentado las más utilizadas, las más conocidas, pero queremos exponer una más como ejemplo de artificio y superchería.

13 de julio de 2011

CROMNIOMANCIA
A nuestro juicio se trata de un método sumamente estrafalario; la cromniomancia o adivinación por la cebolla . El autor da una explicación sencilla y suficiente de esta extraña fórmula adivinatoria. Dice: “Los que la practicaban, colocaban en la noche de Navidad algunas cebollas sobre el altar y escribían encima el nombre de la persona de quienes querían saber noticias. La cebolla que brotaba primero anunciaba que el sujeto cuyo nombre contenía gozaba de perfecta salud. Esta adivinación se hallaba también en uso en Alemania, entre las jóvenes que deseaban saber a quién tendrían por marido”.
En un extraño libro publicado en francés, Guy Breton descubre en el París nocturno una secta, asociación o cofradía cuyos miembros se hacen llamar “ Adoradores de la cebolla ”.
Puesto en contacto con el director espiritual del grupo, éste le cuenta la historia y significado de tan extraño culto. “Nuestra religión –dice- fue fundada en 1929 por el hermano François Thomas. Un día en el mercado de El Havre, vio una cebolla que gemía. Esto fue para él una verdadera revolución, una señal del cielo. Comprendió que, como la cebolla, el hombre tiene también el poder de escapar a la muerte”.
Estrafalario, ridículo, anormal, todo lo demencial que se quiera, pero auténtico. ¿Qué límites tiene la locura humana?
Y MUCHAS OTRAS…
Algunas fórmulas propuestas por la adivinación para predecir el futuro de la persona humana, como la cebolla, son insultos a la inteligencia. Las hay para todos los gustos.
Según los ocultistas, se puede adivinar por los gallos, por la harina de trigo, por la sal, por un hombre sacrificado, por las arañas, por las ranas y los sapos, por el bostezo, por el perro, por la llave, por las cenizas, por la sombra, por las liebres, por el vuelo de los murciélagos, por las serpientes, por las uñas de la mano, por el peroné de un cordero, por los lagartos, por los quesos, por las manchas de tinta y por centenares de otros métodos tan absurdos como los descritos. Pero así es la especie humana.
El escritor y moralista francés del siglo XVI, Michel de Montaigne, decía que el temor, el deseo y la esperanza empujan a las personas a pensar en el porvenir, robándoles el sentimiento y la consideración de lo que es para ilusionarse con lo que será, tal vez cuando ya no exista.
En próximos artículos escribiré sobre la adivinación en la Biblia. El tema no escapa a la atención del Libro Eterno. Tiene mucho que decirnos al respecto.

Autores: Juan Antonio Monroy

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COMO REMOVER AS MÁSCARAS

mascaras

Preletor: Hernandes Dias Lopes

A espiritualidade dos fariseus era só casca, apenas propaganda falsa

     Se as pessoas nos conhecessem como Deus nos conhece ficariam escandalizadas. Se as pessoas pudessem ler todos os nossos pensamentos, ouvir todas as vozes que abafamos dentro de nós e auscultar todos os desejos do nosso coração afastar-se-iam de nós com assombro. Somos, muitas vezes, um ser ambíguo e contraditório. Queremos uma coisa e fazemos outra. Exigimos dos outros aquilo que nós mesmos não praticamos. Condenamos nos outros aquilo que não temos coragem de confrontar em nós mesmos.

Para manter nossas aparências usamos máscaras, muitas máscaras. Se você diz que nunca usou uma máscara, é muito provável que esteja acabando de afivelar a máscara da mentira em seu rosto.

mascaras.jpg2Algumas máscaras são muito atraentes. Encantam as pessoas. Elas passam a nos admirar não por quem somos, mas por quem aparentamos ser. O profeta Samuel ficou impressionado com Eliabe, filho mais velho de Jessé, e pensou que estava diante do ungido de Deus. Mas, o Senhor lhe corrigiu dizendo: “Não atenteis para a sua aparência, eu vejo o coração”. Vamos, aqui descrever três máscaras que ostentamos:

     1. A máscara da piedade. O apóstolo Paulo em 2Coríntios 3.12-18 fala que nós não somos como Moisés, que colocava véu sobre a face, para que as pessoas não atentassem para a glória desvanecente do seu rosto. Moisés foi um homem ousado. Enfrentou com grande galhardia Faraó e seus exércitos. Liderou o povo de Israel em sua heróica saída do cativeiro. Porém, houve um dia em que Moisés deixou de ser ousado e colocou uma máscara. Foi quando desceu do Monte Sinai. Seu rosto brilhava. Então, colocou um véu para que as pessoas pudessem se aproximar dele. De repente, Moisés percebeu que o brilho da glória de Deus estava se desvanecendo de seu rosto. Porém, ele continuou com o véu. Ele não queria que as pessoas soubessem que a glória estava acabando. Moisés manteve o véu para impressionar as pessoas. Ele usou a máscara da piedade. Muitas vezes as pessoas ficam impressionadas com a beleza das máscaras que usamos. Elas ficam admiradas da propaganda que fazemos da nossa espiritualidade. Pensam que por trás do véu existe uma luz brilhando, quando na verdade, esse brilho já se apagou a muito tempo.

     2. A máscara da autoconfiança. O apóstolo Pedro era um homem de sangue quente. Falava muito e pensava pouco. Um dia, disse a Jesus que estava pronto a ir com ele para a prisão. E mais: ainda que todos os demais discípulos o abandonassem, ele jamais faria isso, pois estava pronto a morrer por Jesus.

Pedro pensava que era melhor e mais consagrado do que seus condiscípulos. Era do tipo de crente que confiava no seu taco. Dizia com todas as letras: a corda nunca roe do meu lado. Mas, aquela máscara tão grossa de autoconfiança não passava de um fina camada de verniz de consumada covardia. Quando foi colocado à prova, Pedro dormiu em vez de vigiar. Pedro abandonou Jesus em vez de ir com ele para a prisão. Pedro seguiu Jesus de longe, em vez de estar ao lado de seu Mestre. Pedro negou a Jesus em vez de morrer por ele. Não é diferente conosco. Passamos uma imagem de que somos muito firmes e fiéis. Até fazemos propaganda de nossa fidelidade incondicional a Jesus. Mas, não poucas vezes, essa autoconfiança não passa de uma máscara para impressionar as pessoas.

     3. A máscara da hipocrisia. Os fariseus eram os santarrões que tocavam trombetas acerca de sua espiritualidade. Faziam propaganda de sua piedade. Julgavam-se melhores do que os outros. Achavam que só eles eram fiéis. Quem não concordasse com eles, estava riscado do seu mapa. Eram especialistas em ver um cisco no olho de outra pessoa, mas não enxergavam a trave que estava em seus olhos. Porém, toda aquela aparência de santidade não passava de uma máscara de hipocrisia.

A espiritualidade dos fariseus era só casca, apenas propaganda falsa. Jesus chamou os fariseus de hipócritas, ou seja, atores que representam um papel. Disse, ainda que eles eram como sepulcros caiados, bonitos por fora, mas cheios de rapina por dentro. Precisamos humildemente entender que somente pelo poder do Espírito Santo poderemos remover essas máscaras. Vamos começar a fazer isso?

27-5-16-a 006

Rev. Ângelo Medrado, Bacharel em Teologia, Doutor em Novo Testamento, referendado pela International Ministry Of Restoration-USA e Multiuniversidade Cristocêntrica é presidente do site Primeira Igreja Virtual do Brasil e da Igreja Batista da Restauração de Vidas em Brasília DF., ex-maçon, autor de diversos livros entre eles: Maçonaria e Cristianismo, O cristão e a Maçonaria, A Religião do antiCristo, Vendas alto nível, com análise transacional e Comportamento Gerencial.