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Mujer y Biblia: conclusión

Luis Marián

 

Mujer y Biblia (X)

Mujer y Biblia: conclusión

Unos pocos artículos no es un espacio suficiente para desarrollar como se merece este asunto.

15 de mayo de 2011

Pero hemos podido asomarnos a la consideración bíblica de la mujer para comprobar que el evangelio se había constituido en un extraño oasis de dignidad y consideración en cuanto al trato de dignidad dado a la mujer.
Hemos visto como la comparación, enormemente dispar, del relato de Adán y Eva con las cosmogonías antiguas más influyentes o con los relatos grecorromanos más extendidos en el siglo primero dan cuenta de la actitud favorecedora que el Dios bíblico mostraría desde el principio de los tiempos hacia el llamado sexo débil.
Es cierto que las cartas del apóstol Pablo aparentan ser misóginas desde un acercamiento superficial realizado desde el Occidente del siglo XXI. Sin embargo, en un análisis contextualizado más somero hemos comprobado que sus escritos defendían la dignidad de la mujer como pocos se atrevieron. Hasta tal punto fue así que a muchos hombres cristianos del siglo primero no les sería fácil asumir las nuevas actitudes de consideración y amor hacia sus esposas tal que Pablo preconizaba, un aspecto igualitario que chocaba de bruces con los modelos sociales ¡y legales! de su tiempo. Por desgracia, el dominante machismo de la sociedad grecorromana y la inevitable tendencia hacia el mal de quienes ostentan dominio nublaría la visión de renombrados cristianos y Padres de la iglesia en los siglos siguientes a Cristo. Debido a un cúmulo de circunstancias injustas, temores diversos y finalmente por causa de la condición pecadora del hombre, muchos cristianos de influencia siguieron viendo a las mujeres como entes execrables y perversos, una consideración que era totalmente ajena a la enseñanza de Cristo. Que duda cabe que esta lamentablemente cosmovisión teológica ejerció su influencia en el desarrollo posterior del cristianismo y que tampoco la Reforma del siglo XVI centraría su atención en la dignificación de la mujer. Esto ha hecho que mucha de esta injustica teológica contra la mujer y los dones que Dios le da sigua acompañándonos hasta nuestros días.
Pero la revolución bíblica tuvo su cenit con Cristo.  Desde entonces los cristianos hemos sido llamados a seguir las enseñanzas de Jesús y a tratar de superar las costumbres sociales que no concuerden con el evangelio revelado, pues “¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ” ( 2ª Corintios 6:14 ). Por esta razón los aspectos transgresores mostrados por Cristo a favor de las mujeres deben ser tomados como un inflexible punto de partida para que cada generación de creyentes desarrolle aún más la responsable labor de traer más y más luz, dignidad y justicia a todo ser.
Si no lo hiciéramos así, recibiríamos el filamento incandescente de la luz de Cristo a la vez que incurriríamos en el contradictorio error de decirle “ no ” a cualquier tentativa de invento y desarrollo derivados de esta semilla eléctrica que se nos ha entregado. Seguiríamos pasando hambre y frío sentados frente a la tenue luz de una sencilla bombilla empeñándonos en no tener nevera y olvidándonos de quien anunciaba que, por la gracia de Dios, todo “ el que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará ” ( Juan 14:12 ). Si continuamos desarrollando el espíritu liberador sembrado por Jesús que en parte continuó Pablo, podemos soñar con que en esta imperfecta tierra cada vez habrá menos oposición y sufrimiento en la Iglesia para todo aquél que en el mundo ha sido discriminado. Las mujeres y hombres de Dios están llamados a ocupar el lugar para el que cada uno ha llamado sin atender a razones de raza, clase social, sexo o nacionalidad, pues ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús ( Gálatas 3:28 ). Cristo nos ha hecho, tanto a hombres y mujeres “ reyes y sacerdotes para Dios ” ( Apocalipsis 1:6 ), “ linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” ( 1ª Pedro 2:9 ). Vivimos en los “ postreros días ” anunciados por Joel en los que Dios dice: “ Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán […] Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán ” ( Hechos 2:17 y 18 ).
Q ue la cultura occidental sea, con diferencia, el contexto en el que la mujer esté hoy más dignificada y respetada tiene mucho que ver –como hemos visto en esta serie de artículos- con el legado del evangelio de Jesucristo. Y es que“ Roma no reconoció nunca la influencia ejercida por la mujer, este reconocimiento, realmente se producirá en el cristianismo [1] ”.Aplicar un estilo de vida heredado de la sociedad postindustrial del siglo XIX o de la Roma del siglo I para revestirlo de supuesta enseñanza bíblica y justificar así un abusivo dominio masculino es un error. Por eso sería una triste paradoja que la Iglesia fuera hacia atrás respecto al mundo en estos legados en pos de la mujer que no son ni feminismo políticamente correcto ni teología liberal sino un legado netamente evangélico que por milenios ha tratado de pisotearse por la serpiente y por el pecado humano. Es evidente que el cristiano debe defender el inmovilismo de todos los principios bíblicos, pero la injusticia surge cuando arraigadas tradiciones milenarias dificultan el continuo reto reformista de la revelación liberadora del Espíritu. Debemos discernís los tiempos y aquello que es circunstancial, externo y que golpea al viejo hombre como el nefasto enseñoramiento de la mujer vaticinado en la maldición del Edén ( Génesis 3:16 ).
ACCIÓN DE AMOR, NO DE DOLOR
En un debate televisivo hablaban acerca de la pornografía y de la apertura a la libertad sexual tras la dictadura de Franco en España. Una de las chicas, actriz porno, afirmaba con orgullo que “ como en aquella época nos reprimieron, ahora nos toca a nosotros desfogarnos ”. Sus palabras y tono evidenciaban un estado más de revancha y malestar que la alegre vivencia de una supuesta libertad conquistada. Sin embargo, hay diferencia entre una acción liberadora sustentada en el perdón y una contrarreacción dolorosa cargada de amargura.
La mujer está llamada por Dios a que no sea el rencor sino el amor y la verdad lo que propulse la búsqueda de su libertad y los propósitos a los que Dios le ha llamado de forma particular. Gracias a Dios, Cristo trae un Reino de justicia y de paz, un Reino sobrenatural en el que todos estamos llamados a “ someternos los unos a los otros ” ( Efesios 5:21 ) pues en Cristo “ todos somos sacerdotes ” ( Apocalipsis 1:6 ) para ser parte de la regeneración del Espíritu, bendecir y crecer sin más límites que los que Dios disponga, pues si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; y he aquí todas son hechas nuevas ( 2 Corintios 5:17 ).

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¿Palabra del Señor o Palabra de la Iglesia?

Leonardo de Chirico

 

La Biblia en una reciente declaración papal

¿Palabra del Señor o Palabra de la Iglesia?

La Biblia ha sido siempre objeto de una continua polémica entre la Reforma Protestante y el Catolicismo Romano.

8 de mayo de 2011

De modo que, cualquier declaración procedente del Papa sobre este tema debe leerse cuidadosamente por parte de todos aquellos que viven la fe centrada en la Biblia. La declaración de la que estamos hablando procede de un determinado Sínodo, que tuvo lugar en 2008, cuando los obispos católico romanos trataron la siguiente cuestión: “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”. Después de los debates de cada sínodo, es costumbre que el Papa emita un documento escrito que resume lo más esencial de los procedimientos y los declara autoritativos. Este es también el caso de la Exhortación Apostólica Post-Sinodal Verbum Domini (VD, la Palabra del Señor)  promulgada en 2010 por Benedicto XVI.
El documento recuerda la enseñanza CR de la Biblia de la forma en que se ha articulado y enseñado en el siglo XX. En particular, reconoce la Constitución Dogmática del Vaticano II Dei Verbum  (La Palabra de Dios) como la primordial referencia doctrinal para la teología católico romana de la Palabra de Dios y la considera en total continuidad con el Concilio. Lo más interesante es la relación entre la Palabra y la Biblia que se manifiesta en VD.
Para empezar, VD pretende que la Palabra de Dios “precede y excede la Sagrada Escritura, aunque la Escritura, como inspirada por Dios, contiene la palabra divina” (17). VD pretende que la Biblia es la Palabra de Dios en el sentido de que contiene  la Palabra. Existe la Biblia y también existe una palabra adicional más allá de la Biblia, lo cual hace que la Biblia no sea suficiente por sí sola.  Lo que está en juego no es la inspiración divina de la Biblia (que VD afirma con seguridad), sino la suficiencia  de la Biblia y su finalidad . Para el Papa Ratzinger, la Biblia es la Palabra de Dios en cierto sentido, pero la Palabra de Dios es más grande que la Biblia. La última contiene la primera.
Aquí es oportuno hacer un comentario dirigido especialmente a los lectores protestantes.  La teología liberal ha desarrollado su propia teología de la Palabra, por lo cual la relación entre la Palabra y la Biblia se piensa de una forma dialéctica y existencial. En otras palabras, para algunas versiones de la teología liberal, la Biblia es un testimonio (falible) de la Palabra y se convierte en la Palabra de Dios, si alguna vez llega a serlo, cuando el Espíritu habla a través de ella. Ahora, la versión CR de la relación Palabra-Biblia se articula de una forma diferente. La premisa es la misma (o sea, la Biblia contiene  la Palabra) pero la fortaleza de la Palabra viene a través de la tradición de la Iglesia CR.
El desfase entre la Palabra y la Biblia no es existencial sino eclesial. La Iglesia es la cuna de la Palabra, tanto en su forma escrita del pasado (la Biblia) como en sus expresiones actuales (la Tradición). En este sentido, Benedicto XVI escribe: “La Iglesia vive en la certidumbre de que su Señor, que habló en el pasado, continua comunicando hoy su palabra por medio de su Tradición viva y su Sagrada Escritura. En realidad, la palabra de Dios que nos ha sido dada en la Sagrada Escritura como un testimonio inspirado de la revelación, a la vez que la Tradición viva de la Iglesia, constituye la norma suprema de la fe” (18). La Biblia se mantiene, pero debe ir siempre acompañada y además es superada por la tradición viva de la Iglesia, más amplia y más profunda, que es la forma de la Palabra actualmente. Entre otras cosas, esto significa que la Biblia no es suficiente por si sola para acceder a la Palabra y no es la norma final para la fe y la práctica. La Biblia debe completarse mediante el Catecismo de la Iglesia Católica que es “una significativa expresión de la Tradición viva de la Iglesia y una norma segura para la enseñanza de la fe” (74).
De este modo VD sustenta un punto de vista dinámico de la Palabra según el cual la Biblia es un estuche divino de la Palabra. Sin embargo, el punto de referencia definitivo de la Palabra es la Iglesia de la que la Biblia proviene y mediante la cual resuena actualmente la Palabra de Dios.
Muchas preguntas surgen a partir de la imagen descrita por VD que es totalmente coherente con el Vaticano II y, desde luego, con el Concilio de Trento.  Puesto que VD no es un tratado sistemático, sino una exhortación escrita, solamente se tratan algunos puntos para explicar la forma en que la Iglesia se relaciona con la Palabra.
Primero, el papel de las “revelaciones privadas”  ( p.e. las visiones marianas y las sucesivas revelaciones autorizadas por la Iglesia CR). Junto a la Biblia, “introducen nuevas prioridades, dan lugar a nuevas formas de piedad, o agudizan las antiguas” (14). Las revelaciones privadas son la base para los cultos marianos de Lourdes, Fátima y Medjugorie, por ejemplo. Para los evangélicos, estos cultos no encajan con la enseñanza bíblica fundamental, a pesar de que el método para las “revelaciones privadas” es la tradición de la Iglesia, no la Biblia sola. Para los CR cimentar la fe en la Biblia es importante, pero no concluyente. Existen pautas complementarias para el discernimiento espiritual que van más allá de la Escritura.
Segundo, la lectura “eclesial” de la Biblia.  Según VD, la Escritura no debe leerse nunca por cuenta propia. Su lectura debe ser siempre una “experiencia eclesial”, o sea, tiene que hacerse en comunión con la Iglesia. El tema que está en peligro no es únicamente el metodológico, o sea, hacer algo así como reemplazar la lectura privada por grupos de estudio a nivel parroquial presididos por un sacerdote, sino también el hermenéutico. “Una interpretación auténtica de la Biblia siempre tiene que estar en armonía con la fe de la Iglesia Católica” (30). Leer la Biblia es un ejercicio que se hace de conformidad con la iglesia institucional, tanto en sus formas como en sus resultados.
Aparentemente, hay mucha sabiduría en estas afirmaciones, considerando principalmente que existen riesgos reales de dejarse llevar por la fantasía, el individualismo, hacer interpretaciones torpes, etc., por parte de algunos lectores aislados de la Biblia. No obstante, aquí falta algo. Es muy desafortunada la actitud de una Iglesia que ha prohibido, durante siglos, la lectura de la Biblia en las lenguas vernáculas, y ahora no ofrece ni una simple palabra de arrepentimiento.
Por otro lado, resulta asimismo desconcertante que una Iglesia que ha evitado que la gente tuviera acceso a la Biblia hasta hace cincuenta años, no dedique ni una sola palabra a destacar la necesidad que tiene de autocorrección y vigilancia. Además, si la lectura de la Biblia debe hacerse siempre bajo la pauta de la institución, ¿qué ocurre si esta institución cae en el error, la herejía o la apostasía?  ¿Cómo corrige el Espíritu a una iglesia pecadora si no es mediante la Palabra bíblica? A lo largo de la historia de la Iglesia, la enseñanza de la Biblia tenía que hacerse, a veces, en contra dela iglesia institucional y en contra de su consenso. Unicamente una Iglesia que se autoproclama indefectible puede pedir total sumisión a “la vigilante mirada del sagrado magisterio” (45) sin encontrarse con un obstáculo final. Aquí está en juego la cuestión: ¿quién tiene la última palabra? ¿La Biblia o la Iglesia CR? Puesto que la Iglesia es “el hogar de la palabra” (52), VD responde: ¡la última!
Tercero, la práctica de la interpretación bíblica. Una lectura CR de la Biblia adecuadamente definida requiere la aceptación de la unidad del conjunto de la Escritura (“exégesis canónica”), así como también la obediencia a la Tradición viva de toda la Iglesia y la combinación entre el nivel de interpretación histórico-crítico y el teológico (34). La Iglesia CR recela de los dos extremos: Por una parte teme la arrogancia crítica que corta la unidad de la Biblia y rechaza sus orígenes divinos; por la otra, también desconfía del enfoque fundamentalista que ofrece interpretaciones “subjetivas”, “arbitrarias” y “antieclesiales (44). A este respecto se pueden hacer dos breves observaciones.
1.  Benedicto XVI es frecuentemente presentado a la opinión pública como un campeón de la “espiritual” lectura de la Biblia (p.e. su aclamado libro Jesús de Nazaret, 2007). Sin embargo, VD reconoce fácilmente los beneficios de los métodos histórico-críticos (32) al tiempo que rechaza sus demandas extremas cuando son contrarias a las consideraciones “teológicas”. Aunque no se considera un liberal, Ratzinger no pertenece a la misma tipología de erudición conservadora bíblica que puede encontrarse en los círculos evangélicos. Cualquier simple superposición enturbia las aguas.
2.  El fundamentalismo no se define de ninguna manera, pero es el destinatario de fuertes críticas. No se ofrecen referencias de la literatura fundamentalista pero en su lugar se hacen declaraciones negativas en lo que concierne a la teoría del dictado, o a la falta de reconocimiento del lenguaje bíblico como si estuviera ajustado a los tiempos y a las culturas. ¿Quién se cree que la Biblia fue dictada maquinalmente o que su lenguaje es de una realidad angelical? La impresión que se obtiene es que en este sentido VD juega contra un hombre de paja.
Cuarto y último, el contexto litúrgico de un enfoque adecuado de la Escritura. Leer la Biblia como una experiencia eclesial significa que debe hacerse en un contexto litúrgico establecido por la Iglesia CR. “El lugar privilegiado para la devota lectura de la Sagrada Escritura es la liturgia y, en especial la Eucaristía, en la cual, al celebrar el Cuerpo y la Sangre de Cristo en el sacramento, la propia palabra está presente y operando en medio de nosotros” (86). La audición de la Palabra de Dios es provechosa cuando se dan ciertas condiciones: la administración de la Eucaristía (54) y otros sacramentos (61), la Liturgia de las Horas (62), la práctica de obtener indulgencias (87), y la recitación del Santo Rosario (88). Según VD, la Biblia no puede nunca ir sola, sino que siempre debe estar rodeada de una parafernalia eclesiástica que informa, dirige y domina la lectura bíblica y su interpretación. Al hacerlo de esta forma, la Biblia nunca es libre  para guiar a la Iglesia sino que perpetuamente está condicionada por las prácticas extra-bíblicas de la Iglesia.
Es una buena noticia que la declaración papal aliente la lectura de la Biblia, pero el problema fundamental permanece: La palabra de la Verbum Domini  ¿es la de la Biblia o la de la Iglesia?

Autores: Leonardo de Chirico

© Protestante Digital 2011

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Como posso ter certeza de que eu vou para o Céu quando morrer?

Pergunta Bíblica sobre como posso ter certeza de que eu vou para o Céu quando morrer?

Como posso ter certeza de que eu vou para o Céu quando morrer?

Resposta: Você sabe com certeza que você tem vida eterna e que você vai para o Céu quando morrer? Deus quer que você tenha certeza disso! A Bíblia diz: “Estas coisas vos escrevi, a fim de saberdes que tendes a vida eterna” (1 João 5:13).

Suponha que você estivesse na frente de Deus neste exato momento e Ele lhe perguntasse: “Por que eu deixaria você entrar?” O que você diria? Você pode não saber o que responder.

O que você precisa saber é que Deus nos ama e providenciou para nós uma forma para que pudéssemos saber com certeza onde vamos passar a eternidade. A Bíblia afirma isto assim: “Porque Deus amou o mundo de tal maneira que deu o seu Filho unigênito, para que todo aquele que nele crê não pereça, mas tenha a vida eterna.” (João 3:16).

Em primeiro lugar, precisamos entender o que está nos mantendo afastados do Céu. O problema é este – nossa natureza pecaminosa nos impede de ter um relacionamento com Deus. Nós somos pecadores por natureza e por escolha. “Pois todos pecaram e carecem da glória de Deus” (Romanos 3:23). Nós não podemos salvar a nós mesmos. “Porque pela graça sois salvos, mediante a fé; e isto não vem de vós; é dom de Deus; não de obras, para que ninguém se glorie” (Efésios 2:8-9). Nós merecemos a morte e o inferno. “Porque o salário do pecado é a morte” (Romanos 6:23).

Deus é santo e justo e deve punir o pecado, mas ainda assim Ele nos ama e providenciou perdão para o nosso pecado. Jesus disse: “Eu sou o caminho, a verdade e a vida. Ninguém vem ao Pai senão por mim” (João 14:6). Jesus morreu por nós na cruz: “Pois também Cristo morreu, uma única vez, pelos pecados, o justo pelos injustos, para conduzir-vos a Deus” (1 Pedro 3:18). Jesus foi ressuscitado dos mortos: “O qual foi entregue por causa das nossas transgressões e ressuscitou por causa da nossa justificação” (Romanos 4:25).

Então, de volta à questão inicial – “Como posso ter certeza de que eu vou para o Céu quando morrer?” A resposta é – acredite no Senhor Jesus Cristo e você será salvo (Atos 16:31). “Mas, a todos quantos o receberam, deu-lhes o poder de serem feitos filhos de Deus” (João 1:12) Você pode receber a vida eterna como um dom GRATUITO. “Mas o dom gratuito de Deus é a vida eterna em Cristo Jesus, nosso Senhor” (Romanos 6:23). Você pode ter uma vida cheia de significado agora mesmo. Jesus disse: “Eu vim para que tenham vida, e a tenham em abundância” (João 10:10). Você pode passar a eternidade com Jesus no Céu, pois Ele prometeu: “E, quando eu for e vos preparar lugar, voltarei e vos receberei para mim mesmo, para que, onde estou, estejais vós também” (João 14:3).

Se você quer aceitar Jesus como seu Salvador e receber o perdão de Deus, aqui está uma oração que você pode fazer.

Fazer esta oração ou qualquer outra não irá salvar você. É apenas confiando em Jesus Cristo que se recebe perdão dos pecados. Esta oração é simplesmente uma forma de expressar a Deus a sua fé Nele e agradecer por providenciar o seu perdão.

“Deus, eu sei que pequei contra Ti e mereço punição. Mas Jesus Cristo tomou sobre Si a punição que eu mereço para que através da fé Nele eu pudesse ser perdoado. Eu me volto contra o meu pecado e ponho a minha confiança em Ti para salvação. Obrigado por Tua graça e perdão maravilhosos! Amém!”

Fonte: Got Questions

27-5-16-a 006

Rev. Ângelo Medrado, Bacharel em Teologia, Doutor em Novo Testamento, referendado pela International Ministry Of Restoration-USA e Multiuniversidade Cristocêntrica é presidente do site Primeira Igreja Virtual do Brasil e da Igreja Batista da Restauração de Vidas em Brasília DF., ex-maçon, autor de diversos livros entre eles: Maçonaria e Cristianismo, O cristão e a Maçonaria,A Religião do antiCristo, Vendas alto nível, com análise transacional e Comportamento Gerencial.